miércoles, 26 de diciembre de 2007

De Lai Chau a Moung Lay


El día de hoy me obsequió con 97 km de subidas y bajadas, una rodilla muy rebelde, lluvia, problemas con el eje de pedales que duraron 15 km hasta que, obedeciendo sin duda a la magia, se calló y suavizó... y la magia de un paisaje excepcional ;-)

Empezó el día de pena. La ventana temblaba de vez en cuando y junto con los otros ruidos hizo que durmiera mal. Estaba muy lluvioso y yo con parte de la ropa todavía mojada de la jornada de ayer y con un fuerte dolor de rodilla que me hacía cojear al bajar las escaleras. Al despertar no me podía levantar y al encontrarme con este panorama me dio la mayor bajada de moral que yo recuerdo en un viaje de estos.

Me preguntaba de qué servía seguir para sufrir, para no disfrutar de unas vacaciones que eran mi sueño anual. Con un serio riesgo de coger un resfriado o algo peor, con el esfuerzo suplementario de una bicicleta que no había estado como debía haber estado, con la perspectivas de que hoy empeorase...

Se me cayó el alma a los pies, digo, y decidí abandonar y volver a Hanoi. Pedí a Uyen que me buscara un autobús de vuelta y su respuesta fue una cara decepcionada. Decidí esperar un poco, el tiempo de un desayuno en el que la presencia de dulces y grasas (mantequilla, mermelada) y un buen café me empezó a hacer sentir mejor.
Mientras desayunábamos la cosa mejoró. Paró la lluvia y algunas calle se secaron en parte abriendo la puerta a la esperanza. Yo sabía que había una ciudad a unos 30 km y decidí echar a rodar y si la rodilla no me permitía continuar ya tomaría el autobús en esa ciudad. Menos mal, porque me hubiese perdido un viaje que a ratos fue delicioso.

Al salir del hotel la ciudad (8:30), con el cielo tan gris, parecía estar todavía más en construcción. Se veían edificios parecidos a los cuarteles, cerrados. Esta ciudad -me dijeron- acogerá a la gente que vive ahora en la ciudad antes llamada así (Lai Chau) que se inundará por la nueva presa.

Dentro de la ciudad la ruta seguía una leve pendiente hacia abajo que a los lados empieza a perfilar la magnífica, bellísima ruta que nos esperaba. Comencé a sentirme mejor de moral, la rodilla no dolía y, lo más sorprendente, la bici iba suave y con solo un leve ruidito. En la fotografía cartel de la campaña contra el SIDA del gobierno vietnamita.

Saliendo ya del pueblo una zona acogía "fábricas" de ladrillos, en realidad una serie de hornos como el de la fotografía que parecían usarse y abandonarse.

Una cuesta nos guió hacia un paso montañoso seguido de una larga bajada por el valle que desemboca en otra ciudad también cambiada de nombre, ahora Phong Tho y antes Pa So. Los bosques tropicales o bien sus restos talados inundaban las laderas y la carretera nos regala vistas como la presencia de mujeres de las tribus locales ataviadas preciosamente.

Este descenso estodavía más vertiginoso que el de ayer ya que hoy no había niebla, y adelanté a varios camiones por la izquierda cuando podía pero a veces, y dado que circulan por el medio de la carretera, era más seguro adelantar por la derecha al quedar espacio más que suficiente. En dos ocasiones un camión no me dejaba suficiente asfalto para adelantarle y/o me empujó hacia la cuneta donde me fui (sin caerme) entre juramentos. Es una constante, los conductores no se preocupan por los demás, símplemente los ignoran. También adelanté a alguna moto pero fueron las menos.

Decía antes que el paisaje fue precioso y para muestra esta fotografía.

A las 10:30, solamente dos horas después de dejar el hotel, ya estábamos tomando un té en el hotel de Phong Tho -que, por cierto, clavó por algo, el té, que normalmente es gratis- donde yo tenía que decidir si volvíamos o continuábamos ya hasta Hanoi en bici. Una ojeada a la recomendación de otro ciclista, Simon, y al mapa sugirieron que tal vez sería capaz de alcanzar la ciudad de Muong Lay donde parecía haber alojamiento cómodo y ducha caliente. Pensaba que saliendo en media hora podía llegar a las 5 de la tarde, todavía con luz, y que en un momento de apuro siempre me podría enganchar a la moto de Uyen en alguna subida.
Justo antes de llegar al pueblo la bici había comenzado a hacer ruido, el eje de pedales en concreto. Ahora, dejando la cafetería, parecía que se había enfriado para mal ya que el ruido empeoró. Como inciso diré que yo creía que lo malo en estos casos no era el ruido sino otras dos cosas: un ruido refleja un funcionamiento ineficiente del sistema por lo que yo estaba haciendo más fuerza de la necesaria; por otra parte es siempre un riesgo de que algo se rompa y acabe con el viaje. Paré al poco para añadir más aceite a la cadena por si fuera de ayuda, pero no sirvió de nada en principio.

El pueblo está cruzado por una gran obra a medio camino entre canal y talud y a cuyos ambos lados, al pie de las colinas, había edificios nuevos. Esto parece reflejar el futuro del pueblo como cabecera del pantano.

¡Al terminar el café hizo casi sol! Primera vez que lo veía hoy y a fé que lo agradecí.

La salida del pueblo estaba llena de barro y charcos profundos, supongo que efecto de los camiones de la obra, y luego mejoraría. A ese pequeño inconveniente se sumó el del viento, fuerte durante unos cuantos kilómetros, tal vez unos 10.

El ruido de la biela es tan fuerte que decido parar en el siguiente pueblo, Pa Tak, a ver si alguien puede repararlo. Y, tal vez por la ley de Murphy, dos kilómetro antes de llegar el ruido se calma. De todas formas paré en un taller de motos y con la ayuda de Uyen explico el problema. Se nos acerca más gente, nos rodea con curiosidad sólo para ver que en el taller no pueden hacer nada por no tener las llaves adecuadas. Amenazaron con desmontar el eje de bielas con un martillo y un destornillador, a lo que me opuse.

Aprovechamos la parada para comer algo de fruta y seguimos ruta con la esperanza de poder comer algo en una ciudad a unos 40 km de nombre Nam Cay en algunos mapas pero Cha Nua en los postes kilométricos. Y al llegar allá no había sitio alguno que tuviera un aspecto de restaurante y decidí que seguíamos hasta Muong Lay y que haríamos comida-cena.

La ruta es una ondulación continua con un buen firme. El paisaje sigue siendo precioso y me hace sonreír de vez en cuando. Me obsequió con escenas como la de los pastores por la carretera con los búfalos u otra de búfalos sumergidos en el río. En un momento me encontré con otro ciclista, un japonés con prácticamente ningún conocimiento de inglés que ni se molestó en pararse. Me lo encontraría de nuevo en destino.

A las 16:30 llegamos a Muong Lay y buscamos y encontramos el hotel Lan Anh recomendado por la guía Lonely Planet. En efecto, el hotel era de una categoría superior a la ciudad (más bien pueblo) y allí coincidimos con una pareja de ciclistas franceses muy agradables que seguían la misma ruta en sentido opuesto, Martine y Christian Courbat, propietarios de una vivienda rural en Francia. Me hablaron de una ciclista belga que encontraron ayer en Dien Bien Phu y que hoy iba a ir hacia Laos y me dije que fue una lástima no llevar compañía. Pero no entraba en mis planes pasar a Laos, tal vez otro año.

Tras un baño increíble con la mínima agua que hay disponible, me afeité y me sentía relajado y tranquilo. Nos reunimos con Uyen, Christian y Martine para compartir unas cervezas y un poco de chocolate belga que fue excelentemente recibido, por supuesto. Se nos juntaron un matrimonio canadiense que viajaba en 4x4 y más adelante el hotel recibió otros dos 4x4 con turistas italianos.

Compartimos la cena con Christian y Martine y me contaron que la ruta hasta Dien Biem Phu era buena aunque larga y me decidí a seguirla en lugar de atajar hacia Tuan Giao como era mi primera intención. Es un día más de ruta pero todavía me quedaban algunos libres. La conversación se fue aplacando y la cena no llegaba así que saqué el queso de Gouda que llevaba para las ocasiones y lo empecé a partir y a compartir.
Pedí a la camarera pan y me dijo que sí pero ante el nuevo retraso otro camarero me dijo que solo había pan por las mañanas. Y pasaron más cosas curiosas: pedí un plato de verdura que conocía y me gustaba y me trajeron otra verdura que rechacé. Pues bueno, no vino nada más. Resultó que no quedaba la verdura que había pedido y no me lo dijeron, y casi me quedo con hambre.

Terminamos con más chocolate y a dormir a las 9.

martes, 25 de diciembre de 2007

De Sa Pa al nuevo Lai Chau

Observaréis que a veces escribo los nombres de las poblaciones juntos (Sapa) o separados (Sa Pa). El motivo es que lo he encontrado igualmente caótico en mapas y otra literatura, ¿para qué lo voy a hacer bien?

:)

Fue difícil levantarse supongo que a causa de la humedad de la noche. Tras desayunar café, huevo duro y pan con mermelada y mantequilla, pagué y me puse en ruta sobre las 8:45... para volver poco más tarde al darme cuenta que no me habían devuelto el pasaporte :(

Tenía la rodilla izquierda dolorida y paramos a comprar ese producto que a mí me parece que es mágico y que se llama Salonpas. Me quisieron cobrar una burrada en la farmacia, y eso que los precios están marcados en el producto. Pero esta vez me quedé con la idea de que la mujer simplemente no sabía... parecía estar reemplazando al titular... pero ¿tampoco sabía leer el precio en la caja? Bueno, dejémoslo ahí.

El día se presentó tan malo como el anterior en los alrededores de Sapa. La niebla nos acompañó todo el tiempo aunque un poco menos cerrada que al llegar. Como me advirtió Simon (del foro de Lonely Planet) la carretera, en obras hasta el collado a unos kilómetros de Sapa, estaba muy embarrada y la bici y yo mismo nos pusimos perdidos. A veces daba la sensación de no estar en pendiente sino en llano y que a pesar de ello yo tenía que tirar de las marchas más cortas (2-1; 2-2; 1-2). En un momento dado pasamos por una cascada que, sin niebla, se hubiera visto. Había un montón de kioscos esperando turistas que me hicieron señales para que parara... ¡para pararme en medio de la niebla estaba yo!

Moralmente, estaba bastante mal. La frustración causada por la nube era enorme. Por una parte porque tenía referencias de que los valles que me rodeaban eran preciosos pero, claro, no los podía ver. Por otra parte porque la carga que la humedad y el barro me añadían al esfuerzo hacía que el día se hubiera convertido en un día sin otro objetivo que ver cuáles eran los límites de mi cuerpo, si lo podía aguantar, vamos.

Tras 15 km hechos en más de dos horas llegamos al paso y empezó una bajada de más de mil metros de desnivel por una carretera con un estupendo asfalto. Los primeros 12 km la niebla no dejaba ver más allá de 15 m y me esforzaba en conseguirlo ya que yo sentía que tenía un margen de seguridad importante entre los 15 y los 20 metros de visibilidad – un margen que me tranquilizaba. Me tuve que poner el periódico en el pecho, dentro, para darme calor, y el impermeable también para esta bajada, con lo que mi punto más débil eran las piernas metidas en unos pantalones cortos de ciclista porque nunca me esperé este tiempo en el que pasaba por ser el mes con menos pluviosidad del año en Sapa (según mis fuentes en internet).

Llovía, o al menos eso me parecía entre la niebla. Se me calaron los pantalones enseguida y a los entre 5 y 8 ºC que había se sumó la sensación térmica causada por la niebla y la velocidad, como de estar calado hasta los huesos y soportar 2 – 4 ºC. Los dedos de los pies ya estaban helados y se pusieron peor en el descenso, mientras que las piernas se hacían notar por primera vez por lo mismo.

En esa carretera montañosa, inclinada y con mucha curva adelanté a todas las motos que me encontré y ninguna me adelantó... lo que no habla muy bien de mi prudencia precisamente :( . Los frenazos hicieron que me comiera los frenos (las zapatas) casi completamente en sólo esta bajada, lo que no debería haber ocurrido. Por lo demás la bici no respondía tan mal aunque en alguna curva coleó y me di cuenta que iba demasiado rápido y me empecé a contener. Bajé 22 km en unos 35 minutos, mucho para lo que estoy acostumbrado, y notaba la adrenalina de la velocidad como nunca. Incluso me paré a hacer fotos a partir de entonces, un momento en que la lluvia amainó y luego paró.

Uyen me alcanzó abajo, llegó ofreciéndome fruta, algo que agradecí mucho ya que no habíamos parado en ningún momento a comer o tomar café (durante el viaje se estaba encargando de las provisiones, agua y demás, algo interesante porque lo sabía hacer mejor que yo y porque así yo no me tenía que parar). Estábamos llegando a una población llamada Tam Duong (nuevo, porque había otra que tradicionalmente se llamaba así pero a la que acababan de renombrar), donde vimos que había al menos una pensión. Sin embargo, llevaba solo 50 km y eran las 13:20 por lo que me parecía una jornada demasiado corta. Además, necesitaba un buen hotel que prometiera una buena noche de sueño. Por ello decidí seguir hasta el siguiente pueblo, (nuevo) Lai Chau, a 28 km. Pero al ir a salir de Tam Duong vi un hombre limpiando una moto con agua a presión y me acerqué, le señalé la bicicleta embarrada y me entendió y dirigió el chorro hacia la bici. Fue encantador cómo nos entendimos sin palabras. Al terminar de limpiar la bici y no sin esfuerzo conseguí que me aceptara dinero, lo mismo que yo había pagado en un taller de Danang por una limpieza. También le mi eterno agradecimiento, por supuesto.

Una larga subida y una bajada todavía más larga compusieron el grueso de esos 28 km. A la bici no le sentó tan bien la limpieza ya que se debió meter agua en el eje de bielas y 5 km más tarde empezó a hacer un ruido y un cierto bloqueo. Esto no lo podía solucionar con la poca herramienta que llevaba ya que necesitaría desmontar el eje, limpiarlo y añadir aceite nuevo. Así que hice lo poco que podía, añadir acetite a la cadena y los cambios y, no sé por qué, pareció funcionar... aunque fue de momento solo ya que al llegar a Lai Chau se repitieron. Hubo niños que me siguieron, personas que me animaron –sobre todo hombres en moto con una sonrisa enorme- y mujeres de las distintas tribus que se acercaron con curiosidad en alguna de nuestras paradas. Un hombre incluso me tiró un par de cartas de baraja, con fuerza, pero no sé si para darme o darme suerte...

Llegando a Lai Chau vi un único edificio alto, unas 8 plantas, y nos dirigimos hacia allá ya que tengo la experiencia de que el edificio más alto de una ciudad media vietnamita suele ser un hotel de reciente construcción. A un coste de 320/200k las habitaciones me pareció un poco caro para la zona así que dimos una vuelta buscando otro hotel.

El paseo me mostró una ciudad rara, como en construcción. La parte nueva incluía el valle y estaba constituída de calles perfectamente perpendiculares como si fuera una urbanización donde todavía no se había construido. Una feria estaba ya plegando los tenderetes, mucha chaqueta de cuero y ropa, algo de comida.

Una vez entramos en la parte vieja del pueblo encontré un hotel con muy buen aspecto pero estaba lleno. Un segundo hotel fue un poco deprimente. Se entraba por lo que parecía un garage y la sala de la recepción parecía sin terminar, el suelo sin baldosas sino con cemento y con irregularidades. Un hombre estaba junto a la recepción, no parecía un cliente pero tampoco un trabajador, y me dio una impresión pésima el que escupiera en el suelo.

Así que volvimos al primer hotel con la esperanza de que no hubiera mucho ruido -esperanza que se mostró incumplida durante la noche, menos mal que yo llevaba los tapones.En las instalaciones anejas al hotel me dieron masaje aunque no me descansó mucho las piernas, me sentí un poco raro. Después salimos de nuevo al viejo pueblo a cenar, tras mucho buscar, en un restaurante grande donde no disfruté una la cena a base de arroz y pollo hervido sin sabor, tofu, fideos con ternera y sopa - tal vez porque yo no le añadía las especias adecuadas, no sé. Yo necesito saborear la comida y que me aporte algo más que energía, en caso contrario no la acepto bien.

Siempre me llama la atención cómo mi porteador Uyen se relaciona con los camareros en los restaurantes. Como no se miran es como si no se quisieran relacionar, como si pasaran de él, pero al final viene la comida. Por otra parte estábamos en el Vietnam profundo y supongo que será diferente. Sólo cabe recordar que el año pasado en el centro del país, cuando me denegaron alojamiento por ser extranjero.

La habitación del hotel tiene bomba de calor pero no da calor, supongo que estará fijada en modo verano y yo no fui capaz de cambiar eso. Las ventanas no están bien hechas, no cierran bien y hay una fuerte corriente. Pero no merece la pena protestar ya que es algo bastante común: no hay cuidado por las terminaciones, por el detalle, incluso en los hoteles nuevos de este país. Total que pasé frío

lunes, 24 de diciembre de 2007

Lao Cai a Sapa: primera etapa de montaña de verdad.

No hice caso cuando en el vagón-cama pusieron la música con que te despiertan media hora antes de llegar a Sapa. Pensé que sería como el anterior viaje, que llegamos una hora tarde. Y no fue así, la sorprendente puntualidad me pilló en pijama mientras parábamos en la estación

Judith y yo salimos de la estación a exponernos al asalto de los tiburones. Hay que verlo: docenas de personas esperando al viajero (no solo extranjero) para ofrecerle, casi forzarle, un minibús y alojamiento en Sapa, y supongo que también lo que se tercie (guías, sexo, etc.). El truco es decir que ya tienes tour, te dejan en paz enseguida.

Fuimos a desayunar a lo que recordaba era el bar donde la otra vez cenamos, en frente de la estación. Nos sacaron el menú “para extranjeros”, es decir, inflados los precios a 10.000 VND el café, pero no nos importó porque tenían pan con mantequilla y mermelada. Me vestí de ciclista en el servicio y coincidió con la llegada de Uyen en el siguiente tren (la bici y su moto no podían ir en nuestro tren, y él decidió que no donde fuera su moto iba él), fui a recogerle y volvimos a por la segunda parte del desayuno, un pho bo para Uyen. En el entretanto Uyen ayudó a Judith a coger un minibus conveniente... es decir, que no le engañaran 

La salida de Lao Cai (altitud 650 m según mi GPS, 230 m según Falling Rain) no estaba muy poblada y enseguida la carretera de tornó verde. Terrazas y campos cultivados en el fondo del valle aunque algunas de las terrazas parecían no haber sido cultivadas recientemente.

Tras 10 km empezó la subida. Por el camino algunos críos me siguieron en diferentes momentos aunque lo más curioso fuer un grupo que corría aros tras de mí... ¡cuesta arriba!

Tuve la ocasión de ver un accidente, bueno, los restos. La policía había parado todo el tráfico de camiones y coches ya que había una persona tumbada en el suelo cubierta por una manta y un reguero de sangre cuesta abajo. Luego nos dirían que aparentemente un camión había golpeado a un motorista (no se sabe de quién fue la culpa) y se dio a la fuga.

Como a unos 23 km nos metimos en la niebla, y 5 km más allá no se veía a 15 metros y la humedad era casi lluvia. Me puse el impermeable más como protección térmica que para la lluvia ya que estaba sudado y sudando y el impermeable me impediría que la transpiración se evaporara, manteniéndo la piel mojada.

Al entrar en Sapa (1650 m de altitud) mis recuerdos me decían que llegaría al collado en el que está el pueblo y, por lo tanto, a una zona más o menos llana. O bien el pueblo ha crecido o bien tenía recuerdos poco exactos (más bien lo último) ya que la parte más empinada del trayecto fue ya dentro de sapa, los últimos 3 ó 4 km en que tuve que llevar el plato más pequeño y el piñón más grande. Todo el pueblo estaba dentro de la nube y pensé que la ropa no se iba a secar antes de necesitarla por la mañana, tal vez si la pongo encima de la cama y entre dos mantas el calor de mi cuerpo la pueda secar. Menos mal que tenía 3 mudas que me darían para... 3 días de nieblas :(

Judith había reservado habitaciones en una pensión llamada Pinocchio, ni bien ni mal pero humilde a 80k VND (80 000 VND, 4€) por habitación. Tal vez no era el mejor alojamiento para recuperarme de mi primera etapa de montaña, aunque había sido breve con 37 km. Tras la ducha fuimos a comer al restaurante Lu’u Ly (nombre en vietnamita de la flor forgetmenot, nomeolvides) una cazuela (hot pot) de pollo (100k), un tofu a la plancha (30k, Sapa Grilled tofu, tal vez el mejor tofu que he probado en mi vida), zumo de fruta y agua. El cocido estaba picantito pero tras la sorpresa inicial casi lo agradecí. El tofu fue presentado chisporroteando en una base metálica sobre madera. Llevaba sésamo, cebollas y alguna otra especia.

De vuelta a la pensión nos juntamos los guiris en una charla agradable que me sirvió para aprender que había un centro de masajes de pies estupendo al lado de la pensión y... por supuesto, allí fui.

Este masaje fue muy especial por lo centrado. En efecto, la masajista trabajó mucho los pies tras bañarlos en agua caliente con pétalos de rosa y tal vez alguna otra hierba. Pero el masaje “de pies” no se quedó ahí sino que subió masajeando las piernas, lo que más cansado llevaba, y las dejó muy bien, muy relajadas. Fue estupendo.

Terminamos el día cenando todos (los turistas) en uno de los buenos restaurantes de Sapa, bueno, era Nochevieja y decidimos que bien valía unas botellas de vino y una buena cena seguida de una sobremesa en frente del hogar, donde el fuego atraía nuestras miradas y nos mostró que estábamos cansados.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Buscando bici en Vietnam


A la mañana siguiente poco me costó darme cuenta que o conseguía otra bicicleta o iba a perder el tiempo, el resto de mis vacaciones. Y aunque Vietnam sea el país de las bicicletas no hay muchas con las que alguien no muy fuerte como yo pueda soñar recorrer las montañas del norte. Aprendería más tarde que las bicicletas tipo todo terreno o híbridas se consideran "de deporte" y por tanto de lujo.

Busqué por Danang pero no encontré bicicletas válidas, ni siquiera en METRO. Así que cambié de planes y compré un billete para el día siguiente a Hanoi: si encontrara una bicicleta haría el "northern loop" y no el tramo desde Danang.

Fue un poco triste el tener que despedirme antes de lo previsto de Danang, y en particular de la gente que tanto me había ayudado como Uyen, Nghia y Bich (en la foto estos dos últimos) y sus compañeros del hotel.

Los días siguientes en Hanoi busqué bicicleta con la ayuda de internet, de los participantes en el foro ciclista de la Lonely Planet y en particular de Hà, una amiga vietnamita. Tenía varias ideas: hay fábricas de buenas bicicletas en Vietnam pero todas se exportan, hubiera sido maravilloso encontrar una y poder comprarles la bici “por la puerta trasera”. Otra alternativa era comprar una bici de algún occidental que termine su viaje aquí y no quiera volver con ella a casa. Podría, tal vez, si encontraba un billete a un precio razonable, volar a Bangkok y comprar en alguna de sus buenas tiendas de bicis, había suficientes referencias en Lonely Planet. Pero lo primero que había buscado era la dirección de los concesionarios locales de las grandes casas de bicicletas como Giant, Trek, Cannondale, etc., pero símplemente no hay.

En los foros me dieron la dirección de un tal Mr Trung, (51 Doi Can, movil 0912 410 562) que resultó tener bicicletas de segunda mano para alquilar o vender. Me enseñó una Specialized un poco tocada pero que pareció bastante válida por unos 200 €. La alternativa era el representante de Asama Bikes en 53C Pho (Str.) Ba Trieu, al sur del lago central, que fue donde al final compré esta bicicleta. Más información sobre buscar bicis en Vietnam. El foro ciclista de Lonely Planet.

En general la bicicleta dio buen resultado todo el camino. Los dos puntos débiles fueron las zapatas de los frenos, que no aguantaron la primera bajada de 30 km, y el eje de pedales que se llenó de agua al limpiarlo a presión y me dió más de un disgusto. Pero pude hacer el viaje con ella.

Esos diez días en Hanoi me dieron más de una sorpresa agradable y en particular respecto a la comida. Algunas de las recomendaciones de la guía Lonely Planet resultaron ser muy buenas, y en particular el restaurante llevado por alumnos de la escuela de hostelería. Probé también la que hasta ahora ha sido mejor langosta de mi vida pero, si te arriesgas a ir no cometas mi error, no pidas nada más que la langosta: preparan una sopa con sus restos que está DELICIOSA, y la traen al final por lo que si has pedido algo más no te quedarán ganas de comertela toda.

Tras comprar y probar la bici el 23 vino Uyen desde Danang y salimos ambos en el tren nocturno para Lao Cai, paso obligado para continuar después a Sapa por carretera. Este tren es siempre una gozada ya que en los asientos más caros (soft sleepers) es frecuente encontrarse viajeros que hablan inglés y siempre salen conversaciones agradables. En este caso me encontré a una chica belga, Judith, con la que compartí una cerveza en el vagón-bar y una buena charla. Además, nos ayudaría a reservar habitación en Sapa al día siguiente ya que ella llegó 3 horas antes que yo.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Suave ruta entre colinas hacia Prao

Me ha ocurrido varias veces que los hoteles en Vietnam se quedan sin agua caliente. Me ocurrió hoy, lo que no hizo muy agradable mi primer contacto con el día. Luego descubría por qué.

Es común que los calentadores eléctricos tengan un interruptor diferencial exclusivo en España también. Lo que cambia es que en general en Vietnam al calentarse toda el agua del depósito en lugar de pararse el calentador se dispara el diferencial y, por supuesto, hay que volver a montarlos manualmente. Una vez aprendido el truco ya no me volví a quedar sin agua caliente.

Tras un estupendo desayuno salí a las 8:45 para disfrutar de un muy agradable paseo. Salí de Danang por la carretera 14B que va hacia Thanh My y la meseta. Al poco, todavía en las afueras de Danang pero cuando ya llevaba unos 10 km, me encontré con el cruce con la nueva carretera de circunvalación que estaba construida hacia el norte (a mi espalda en la fotografía) pero no hacia el sur. Hacia el sur había una mezcla de campos de arroz inundados y selva que serán rellenados de tierra y cortada, respectivamente, para terminar la conexión con la carretera nacional 1.

Tal vez menos de un km más lejos llegué al cruce con la carretera 604 en dirección a Prao. Esta es una carretera estrecha que enseguida se ve rodeada por campos de arroz, con un buen firme a ratos en reparación. En un momento dado una serpiente (más bien culebrilla) cruzó la carretera y no resistí la tentación de hacerle una foto. Al poco, cuando ya habían empezado las cuestas, paramos a tomar café.

No había nombrado a Uyen quien, fiel a su tarea, me estaba acompañando durante esta mañana de entrenamiento. Su ayuda tal vez no era tan necesaria entrenando como lo sería después en plena ruta, pero siempre se agradecía que pidieras café y te trajeran café, y lo mismo pero en mayor grado aplica a la comida... ¡cuántas veces durante mi viaje anterior había yo pensado que pedía una cosa y lo que venía no tenía nada que ver!

Al salir del café la suave subida se tornó más empinada. No había tráfico y se respiraba un aire muy sano y agradable, como con un toque ese olor que queda tras la lluvia –aunque los olores de los árboles y otras plantas también debían estar presentes-. En mis oídos empezó a sonar la música de Bumbury que, esta vez como otras, me hizo sentir muy a gusto conmigo y aguantar el esfuerzo mejor.

Tras un recorrido con muchas curbas y no malas subidas, a unos 40 km de ruta pasamos el límite a la provincia de Tú en un sitio llamado Tong Coi en mi mapa. Preguntando nos dijeron que siguiendo, a unos 7 km, estaba Sông Kôn (no existe con ese nombre en mi mapa), pero nos volvimos tras adentrarnos un poco en la provincia.

Llevaba 70 km cuando llegamos de nuevo a Tuy Loon, el pueblecito donde la carretera 604 se separa de la 14B. De nuevo me sorprende la comparación entre el cinturón ya construido y el bello paisaje que será destruido en breve para continuar la carretera.

Ya en la ciudad paramos en el nuevo supermercado METRO y después a comer una sopa (pho bo) cerca del hotel. El día estaba gris e incluso habían caído algunas gotas. Hasta aquí había hecho 80 km con un máximo de 57 km/h y una media de 19 km/h para un tiempo total en la bici de 4h 20m. Llevaba ya 262+ km.

Tras la ducha salí por la ciudad a comprar algo y cometí el error de meterme en una tienda sin atar la bicicleta... y me la robaron. Debería haberla atado, claro, pero es que en este país me siento tan seguro que nunca he sentido que me pudieran robar la bicicleta.

El resto de la tarde pasó entre la espera a que llegara la policía para levantar acta, las conversaciones con el dueño de la tienda que me ayudó mucho en todo momento, la vuelta al hotel totalmente decepcionado, la solidaridad de la gente de recepción... guardo recuerdos bastante nítidos y agradecidos a todas estas personas que me ayudaron.

La policía había dicho que pondrían todo su esfuerzo en encontrar la bicicleta. Yo supongo que tendrían muchas cosas más importantes que hacer en una ciudad de 1,5 millones de personas, pero también pienso que el “salvar la cara” oriental podría hacer que dedicaran un esfuerzo especial... no querrían admitir que a “los turistas” occidentales les roban en su ciudad. Puede ser esa también la razón por la que se negaron a darme ningún papel que yo pudiera presentar ante el seguro como prueba del robo, para intentar recuperar al menos una parte de su valor.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Fallido asalto a Ba Na Hill Station

Hacia el parque nacional de Ba Na (a la izquierda en el mapa)

Me despertó por teléfono la recepción pillándome totalmente de sorpresa, a pesar de que para mi cuerpo y a causa del cambio horario eran las 11 de la mañana. Ocurrió que me había despertado a media noche en una mala posición y tardé un poco en dormirme, lo suficiente para que el cansancio adicional me impidiera despertarme por mí mismo como había ocurrido los días anteriores.

Me costó que los ojos enfocaran y en el caso del derecho no lo conseguí del todo hasta después del desayuno. Había sido un picotazo, sin duda, lo que me causó la hinchazón.

El desayuno de hoy fue extraordinario ya que lo habían abierto a personas no alojadas. Un buen buffet con piña, sandía y plátano y además en mi mesa pusieron papaya. No tuve que abrir los bollos ni la mermelada que había comprado en METRO.

En la recepción hay una televisión de plasma de 52", y otra más pequeña en el comedor (en realidad dos extremos de la misma sala). Los vietnamitas se quedaron sentados a las mesas, charlando y -un poco- fumando, sin las prisas que tendríamos en occidente... o bien eran unos privilegiados que no tenían que ir a trabajar.

La mañana era extraordinariamente luminosa aunque el cielo no estaba azul sino blanquecino, tal vez por nubes altas. Me dí cuenta que el día anterior me había quemado también la nariz y las pantorrillas o sea que debía tomar un cuidado especial... ¡y mucha crema de factor 30!

A las 9 salimos de nuevo por la A1 hacia el norte pero esta vez nos desviamos (km 12) hacia las montañas antes de llegar al puente. Hasta la primera parada (km 18) la ruta fue bastante plana y empezamos a perder de vista las casas o por lo menos había tramos con ellas mezclados con tramos de cultivos. Yo empezaba a notar el picor del sol y me di crema repetidas veces. Me noté más cansado que ayer pero... ¿qué otra cosa podía esperar?

Km 26 y llegamos a la entrada al parque nacional, aquí también una carretera lateral salía hacia la derecha para llegar a las cascadas. En este tramo, por el valle y junto al río, vimos desaparecer el tráfico y había un aire fresco muy agradable. En este cruce había los típicos cafés grandes de entrada a zona turística y con gente muy amable. Lo malo es que no pudimos seguir ninguna de las dos rutas: hacia el parque y la montaña porque unos desprendimientos habían hecho que la autoridad del parque lo cerrara; hacia las cascadas porque tenían tanta agua de los recientes monzones que era muy peligroso acercarse. Deseé que Uyen hubiera previsto esto pero no fue así.

Volvimos y Uyen me propuso ir a la montaña de Danang, es decir, atravesar toda la ciudad de nuevo, los puentes e ir más allá a una pequeña península montañosa. No tenía ninguna gana de volver a la contaminación así que en la primera bifurcación me desvié para encontrarme con una carretera pequeña entre campos de cultivo y bastante árbol tanto frutales como otros. Fue una ruta preciosa que me obsequió escenas de madres y niños sorprendidos por el guiris en traje de "Mortadelo" y bicicleta.

A la vuelta me encontraba más fuerte que a la ida lo que no dejó de sorprenderme y tal vez, en realidad, no era sino una ficción o un efecto temporal. El asunto es que me lancé a pedalear con entusiasmo, comiéndome así todos los baches. Cuando primero se soltó el GPS del manillar y después la bolsa delantera esparció todo su contenido por la carretera me lo empecé a tomar con un poco más de tranquilidad. Uyen se reía, y con razón: no son formas de romper las cosas (aunque al final nada se rompió demasiado).

De vuelta a Danang la carretera se había llenado de niños, alguno intentaba darme caza en bici y alguno incluso lo consiguió con el consiguiente orgullo. Ya en la ciudad compré un diccionario y pasé a por el masaje, conseguí que me lavaran la bici y le puse grasa en el hotel. Las sonrisas omnipresentes le alegraban a uno el día.

Cené con Sophie (Tuyen), una chica que contacté por medio de Hospitality Club (http://www.hospitalityclub.org/), una organización de gente que te enseña su ciudad o incluso te da alojamiento gratis. Me llevó a un sitio muy vietnamita (bueno, en Danang no hay otros sitios para turistas que un par de grandes hoteles) donde, pedimos pescado. Para mi sorpresa el camarero trajo una bolsa donde algo coleaba con fuerza y una balanza para pesarlo (el pescado se vende al peso). Pensé que no iba a ser capaz de comer aquello que había visto vivo pero no fue así, yo tenía mucha hambre. Estaba buenísimo.

Para el postre me llevó a una heladería donde probé el helado de durian (ese fruto de olor tan horrible que lo prohíben en los aviones, pero de un sabor delicioso si está maduro) y estaba bueno.

En el hotel de vuelta me esperaba Nghia para invitarme a una cerveza y un rato de charla mientras veíamos el Real Madrid - Lazio en diferido.

Me encontraba con muchas dudas sobre cómo seguir. Por una parte tenía miedo de que un dolor en las posaderas que había notado al final de la jornada me hiciera pasar lo que el año pasado; por otra parte estaban las quemaduras de la nariz. Además veía absurdo sufrir la falta de infraestructuras (es decir masaje y buen descanso y comida) de la ruta A14 si podía pasar más días en Danang donde tenía asegurado un buen descanso a la vez que seguir haciendo bicicleta. Estar en esta ciudad, en este hotel, me era conveniente, cómodo.

Hoy 68 km con una media de 20 km/h en 3:30 horas de pedaleo.