
El día de hoy me obsequió con 97 km de subidas y bajadas, una rodilla muy rebelde, lluvia, problemas con el eje de pedales que duraron 15 km hasta que, obedeciendo sin duda a la magia, se calló y suavizó... y la magia de un paisaje excepcional ;-)
Empezó el día de pena. La ventana temblaba de vez en cuando y junto con los otros ruidos hizo que durmiera mal. Estaba muy lluvioso y yo con parte de la ropa todavía mojada de la jornada de ayer y con un fuerte dolor de rodilla que me hacía cojear al bajar las escaleras. Al despertar no me podía levantar y al encontrarme con este panorama me dio la mayor bajada de moral que yo recuerdo en un viaje de estos.
Me preguntaba de qué servía seguir para sufrir, para no disfrutar de unas vacaciones que eran mi sueño anual. Con un serio riesgo de coger un resfriado o algo peor, con el esfuerzo suplementario de una bicicleta que no había estado como debía haber estado, con la perspectivas de que hoy empeorase...Se me cayó el alma a los pies, digo, y decidí abandonar y volver a Hanoi. Pedí a Uyen que me buscara un autobús de vuelta y su respuesta fue una cara decepcionada. Decidí esperar un poco, el tiempo de un desayuno en el que la presencia de dulces y grasas (mantequilla, mermelada) y un buen café me empezó a hacer sentir mejor.

Mientras desayunábamos la cosa mejoró. Paró la lluvia y algunas calle se secaron en parte abriendo la puerta a la esperanza. Yo sabía que había una ciudad a unos 30 km y decidí echar a rodar y si la rodilla no me permitía continuar ya tomaría el autobús en esa ciudad. Menos mal, porque me hubiese perdido un viaje que a ratos fue delicioso.
Al salir del hotel la ciudad (8:30), con el cielo tan gris, parecía estar todavía más en construcción. Se veían edificios parecidos a los cuarteles, cerrados. Esta ciudad -me dijeron- acogerá a la gente que vive ahora en la ciudad antes llamada así (Lai Chau) que se inundará por la nueva presa.

Dentro de la ciudad la ruta seguía una leve pendiente hacia abajo que a los lados empieza a perfilar la magnífica, bellísima ruta que nos esperaba. Comencé a sentirme mejor de moral, la rodilla no dolía y, lo más sorprendente, la bici iba suave y con solo un leve ruidito. En la fotografía cartel de la campaña contra el SIDA del gobierno vietnamita.
Saliendo ya del pueblo una zona acogía "fábricas" de ladrillos, en realidad una serie de hornos como el de la fotografía que parecían usarse y abandonarse.
Una cuesta nos guió hacia un paso montañoso seguido de una larga bajada por el valle que desemboca en otra ciudad también cambiada de nombre, ahora Phong Tho y antes Pa So. Los bosques tropicales o bien sus restos talados inundaban las laderas y la carretera nos regala vistas como la presencia de mujeres de las tribus locales ataviadas preciosamente.

Este descenso estodavía más vertiginoso que el de ayer ya que hoy no había niebla, y adelanté a varios camiones por la izquierda cuando podía pero a veces, y dado que circulan por el medio de la carretera, era más seguro adelantar por la derecha al quedar espacio más que suficiente. En dos ocasiones un camión no me dejaba suficiente asfalto para adelantarle y/o me empujó hacia la cuneta donde me fui (sin caerme) entre juramentos.
Es una constante, los conductores no se preocupan por los demás, símplemente los ignoran. También adelanté a alguna moto pero fueron las menos.Decía antes que el paisaje fue precioso y para muestra esta fotografía.
A las 10:30, solamente dos horas después de dejar el hotel, ya estábamos tomando un té en el hotel de Phong Tho -que, por cierto, clavó por algo, el té, que normalmente es gratis- donde yo tenía que decidir si volvíamos o continuábamos ya hasta Hanoi en bici. Una ojeada a la recomendación de otro ciclista, Simon, y al mapa sugirieron que tal vez sería capaz de alcanzar la ciudad de Muong Lay donde parecía haber alojamiento cómodo y ducha caliente. Pensaba que saliendo en media hora podía llegar a las 5 de la tarde, todavía con luz, y que en un momento de apuro siempre me podría enganchar a la moto de Uyen en alguna subida.
Justo antes de llegar al pueblo la bici había comenzado a hacer ruido, el eje de pedales en concreto. Ahora, dejando la cafetería, parecía que se había enfriado para mal ya que el ruido empeoró. Como inciso diré que yo creía que lo malo en estos casos no era el ruido sino otras dos cosas: un ruido refleja un funcionamiento ineficiente del sistema por lo que yo estaba haciendo más fuerza de la necesaria; por otra parte es siempre un riesgo de que algo se rompa y acabe con el viaje. Paré al poco para añadir más aceite a la cadena por si fuera de ayuda, pero no sirvió de nada en principio.
El pueblo está cruzado por una gran obra a medio camino entre canal y talud y a cuyos ambos lados, al pie de las colinas, había edificios nuevos. Esto parece reflejar el futuro del pueblo como cabecera del pantano.¡Al terminar el café hizo casi sol! Primera vez que lo veía hoy y a fé que lo agradecí.
La salida del pueblo estaba llena de barro y charcos profundos, supongo que efecto de los camiones de la obra, y luego mejoraría. A ese pequeño inconveniente se sumó el del viento, fuerte durante unos cuantos kilómetros, tal vez unos 10.
El ruido de la biela es tan fuerte que decido parar en el siguiente pueblo, Pa Tak, a ver si alguien puede repararlo. Y, tal vez por la ley de Murphy, dos kilómetro antes de llegar el ruido se calma. De todas formas paré en un taller de motos y con la ayuda de Uyen explico el problema. Se nos acerca más gente, nos rodea con curiosidad sólo para ver que en el taller no pueden hacer nada por no tener las llaves adecuadas. Amenazaron con desmontar el eje de bielas con un martillo y un destornillador, a lo que me opuse.
Aprovechamos la parada para comer algo de fruta y seguimos ruta con la esperanza de poder comer algo en una ciudad a unos 40 km de nombre Nam Cay en algunos mapas pero Cha Nua en los postes kilométricos. Y al llegar allá no había sitio alguno que tuviera un aspecto de restaurante y decidí que seguíamos hasta Muong Lay y que haríamos comida-cena.
La ruta es una ondulación continua con un buen firme. El paisaje sigue siendo precioso y me hace sonreír de vez en cuando. Me obsequió con escenas como la de los pastores por la carretera con los búfalos u otra de búfalos sumergidos en el río. En un momento me encontré con otro ciclista, un japonés con prácticamente ningún conocimiento de inglés que ni se molestó en pararse. Me lo encontraría de nuevo en destino.
A las 16:30 llegamos a Muong Lay y buscamos y encontramos el hotel Lan Anh recomendado por la guía Lonely Planet. En efecto, el hotel era de una categoría superior a la ciudad (más bien pueblo) y allí coincidimos con una pareja de ciclistas franceses muy agradables que seguían la misma ruta en sentido opuesto, Martine y Christian Courbat, propietarios de una vivienda rural en Francia. Me hablaron de una ciclista belga que encontraron ayer en Dien Bien Phu y que hoy iba a ir hacia Laos y me dije que fue una lástima no llevar compañía. Pero no entraba en mis planes pasar a Laos, tal vez otro año.
Tras un baño increíble con la mínima agua que hay disponible, me afeité y me sentía relajado y tranquilo. Nos reunimos con Uyen, Christian y Martine para compartir unas cervezas y un poco de chocolate belga que fue excelentemente recibido, por supuesto. Se nos juntaron un matrimonio canadiense que viajaba en 4x4 y más adelante el hotel recibió otros dos 4x4 con turistas italianos.
Compartimos la cena con Christian y Martine y me contaron que la ruta hasta Dien Biem Phu era buena aunque larga y me decidí a seguirla en lugar de atajar hacia Tuan Giao como era mi primera intención. Es un día más de ruta pero todavía me quedaban algunos libres. La conversación se fue aplacando y la cena no llegaba así que saqué el queso de Gouda que llevaba para las ocasiones y lo empecé a partir y a compartir.
Pedí a la camarera pan y me dijo que sí pero ante el nuevo retraso otro camarero me dijo que solo había pan por las mañanas. Y pasaron más cosas curiosas: pedí un plato de verdura que conocía y me gustaba y me trajeron otra verdura que rechacé. Pues bueno, no vino nada más. Resultó que no quedaba la verdura que había pedido y no me lo dijeron, y casi me quedo con hambre.
Terminamos con más chocolate y a dormir a las 9.































