lunes, 10 de diciembre de 2007

De Danang a la Montaña de Mármol

54 km in total, incluyendo 15 en ciudad.

Dormí bastante bien teniendo en cuenta el cansancio y el cambio horario. Me desperté temprano pero insistí en dormir a toda costa. Había ruido y algunos eran muy curiosos como por ejemplo los cantos de gallo (¡en plena ciudad!) y el pitido con que el ascensor indicaba que había llegado al piso de destino... ¡y que se oía en todos los pisos! Lo que no se oía era el tráfico.

Mi ojo derecho estaba hinchado, lo asocié con un picor que sentí tras cortarme el pelo la noche anterior, pero es más probable que fuera debido a una picadura de insecto. Me puse gotas y asumí que pasaría, en caso contrario iría a una clínica internacional en Danang que me podía atender.

El desayuno consistió en tortilla, una pequeña ensalada y café. Los saleros están todos taponados por la humedad que la sal recoge, es divertido ya que me dediqué a probar todos los que había por las mesas, y al final, viendo mi desesperación, me trajeron sal en un platito. Me prepararon también un zumo de naranja y tuve una conversación con Ngho, el super-amable encargado del hotel, y se comprometió a añadir fruta (mango y papaya) el martes. Porque he olvidado mencionar que habían inaugurado el hotel el día anterior a mi llegada. Fui su primer cliente "guiri" y, de hecho, casi su primer cliente :) O sea que me "adoptaron" y trataron estupendamente, con mucho cariño.

Había previsto una salida corta para este primer día, unas dos horas en llano, hasta Dai Loc, un pueblo no muy lejano. A las 10:10 ya estaba listo y salimos no hacia Dai Loc sino hacia la Montaña de Mármol. Siguiendo a Uyen por una carretera super-poblada, donde durante todo el trayecto había continuamente casas a ambos lados hasta desviarnos para la Montaña de Mármol.

Este es un sitio bastante turístico, era la antigua zona de extracción y trabajo en mármol y aunque ahora ya no queda mármol todavía está allá toda la industria que sigue trabajando el mármol importado. En la única montaña que queda hay un templo -o pagoda, ahora no estoy muy seguro de en qué se diferencian- muy bonito. La guía Lonely Planet (LP) habla bastante de esta montaña, antes montañas.

Volvimos (siempre Uyen en su moto delante o detrás mío) por otra carretera, la de la playa, una nueva autovía vacía que dejaba al este la playa conocida como China Beach, famosa por ser uno de los lugares de descanso de los soldados yanquis en la guerra (que, por cierto, allá se llama Guerra de América). La franja costera se está llenando de hoteles de lujo a pasos agigantados, pienso que al cabo de unos años gran parte de la costa vietnamita serán hoteles (resorts) de lujo.

Pasé la tarde en Danang buscando guías, había dejado en Bruselas tanto el mapa de carreteras como la guía LP por diferentes motivos: el mapa de carreteras porque lo había escaneado y metido al GPS, y la LP porque pensaba comprar otra copia en Vietnam. Lamentablemente no había instalado bien los mapas en el GPS y no lo pude utilizar en todo el viaje para otra cosa que para que me diera las coordenadas de mi posición y así buscarme en el mapa de carreteras.

Me metí a MAKRO (allí METRO) para comprar alguna cosilla para complementar el desayuno del hotel y en particular mermelada de fresa y algún bollo. Se pasó la tarde paseando por la ciudad.

Pasé por el mercado y la visita me regaló escenas como la de la tienda de cereales con sus muchas variedades vendidas a granel, la gente comiendo, las charlas entre puestos en que las dependientas (supongo que propietarias también) no necesitaban ni mirarse. Al lado estaba "Big C", el nuevo centro comercial todavía en construcción pero ya abierto al público. No deja de sorprenderme, pero me quedo con el mercado. Allí me hice entender malamente para pedir un zumo y aunque conseguí que no le pusieran azucar no fue exactamente un zumo de naranja con papaya porque esta última no estaba batida sino en trozos. En cualquier caso batido o no batido estaba muy bueno.

Pero lo mejor, sin la menor duda, lo mejor de la jornada fue el masaje por ciegos. Vi una farmacia donde anunciaban masaje y me dije que no podría ser malo y me acerqué a preguntar y resulta que eran ciegos los que daban los masajes. Fue estupendo, uno de los mejores masajes que me han dando nunca. Lo voy a relatar.

Con mi espalda en la camilla el masajista empezó por masajear la cabeza, frente, barbilla, y resto de la cabeza siempre pulsando los puntos energéticos que identifica la medicina china y usan los acupuntores y otras especialidades de medicina no occidental. Metía los dedos haciendo presión y en algún momento me hizo un poquito de daño - más por tener yo tensiones acumuladas que por ser excesiva la fuerza-, luego me quedaría totalmente relajado y tranquilo.

Continuó metiendo las manos bajo los hombros para después pasar al pecho donde masajeó en círculo, siempre clavando los dedos. Siguió por los brazos y manos y luego pasó a las piernas y pies. No llegó a hacer reflexología podal pero el movimiento se pareció mucho, sobre todo en los empeines.

Me di la vuelta e hizo las piernas por detrás poniendo particular atención a presionar puntos a lo largo de las piernas pero muy centrados. A veces cogía músculos y los masajeaba de forma especial. También puso particular atención a los hombros y me dio la sensación que el hombre sentía que era una zona dañada. En la espalda, tocó entre las vértebras y después a ambos lados, descendiendo a lo largo de la columna y volviendo a subir por el interior. Terminó poniéndome de lado y forzando crujidos de columna como me hizo en noviembre el osteópata de Bruselas.

Volví al hotel y me duché y cambié y salí a un cibercafé. Después cené con el encargado del hotel en un sitio cercano.

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