Judith y yo salimos de la estación a exponernos al asalto de los tiburones. Hay que verlo: docenas de personas esperando al viajero (no solo extranjero) para ofrecerle, casi forzarle, un minibús y alojamiento en Sapa, y supongo que también lo que se tercie (guías, sexo, etc.). El truco es decir que ya tienes tour, te dejan en paz enseguida.
Fuimos a desayunar a lo que recordaba era el bar donde la otra vez cenamos, en frente de la estación. Nos sacaron el menú “para extranjeros”, es decir, inflados los precios a 10.000 VND el café, pero no nos importó porque tenían pan con mantequilla y mermelada. Me vestí de ciclista en el servicio y coincidió con la llegada de Uyen en el siguiente tren (la bici y su moto no podían ir en nuestro tren, y él decidió que no donde fuera su moto iba él), fui a recogerle y volvimos a por la segunda parte del desayuno, un pho bo para Uyen. En el entretanto Uyen ayudó a Judith a coger un minibus conveniente... es decir, que no le engañaran
La salida de Lao Cai (altitud 650 m según mi GPS, 230 m según Falling Rain) no estaba muy poblada y enseguida la carretera de tornó verde. Terrazas y campos cultivados en el fondo del valle aunque algunas de las terrazas parecían no haber sido cultivadas recientemente.Tras 10 km empezó la subida. Por el camino algunos críos me siguieron en diferentes momentos aunque lo más curioso fuer un grupo que corría aros tras de mí... ¡cuesta arriba!
Tuve la ocasión de ver un accidente, bueno, los restos. La policía había parado todo el tráfico de camiones y coches ya que había una persona tumbada en el suelo cubierta por una manta y un reguero de sangre cuesta abajo. Luego nos dirían que aparentemente un camión había golpeado a un motorista (no se sabe de quién fue la culpa) y se dio a la fuga.
Como a unos 23 km nos metimos en la niebla, y 5 km más allá no se veía a 15 metros y la humedad era casi lluvia. Me puse el impermeable más como protección térmica que para la lluvia ya que estaba sudado y sudando y el impermeable me impediría que la transpiración se evaporara, manteniéndo la piel mojada.Al entrar en Sapa (1650 m de altitud) mis recuerdos me decían que llegaría al collado en el que está el pueblo y, por lo tanto, a una zona más o menos llana. O bien el pueblo ha crecido o bien tenía recuerdos poco exactos (más bien lo último) ya que la parte más empinada del trayecto fue ya dentro de sapa, los últimos 3 ó 4 km en que tuve que llevar el plato más pequeño y el piñón más grande. Todo el pueblo estaba dentro de la nube y pensé que la ropa no se iba a secar antes de necesitarla por la mañana, tal vez si la pongo encima de la cama y entre dos mantas el calor de mi cuerpo la pueda secar. Menos mal que tenía 3 mudas que me darían para... 3 días de nieblas :(
Judith había reservado habitaciones en una pensión llamada Pinocchio, ni bien ni mal pero humilde a 80k VND (80 000 VND, 4€) por habitación. Tal vez no era el mejor alojamiento para recuperarme de mi primera etapa de montaña, aunque había sido breve con 37 km. Tras la ducha fuimos a comer al restaurante Lu’u Ly (nombre en vietnamita de la flor forgetmenot, nomeolvides) una cazuela (hot pot) de pollo (100k), un tofu a la plancha (30k, Sapa Grilled tofu, tal vez el mejor tofu que he probado en mi vida), zumo de fruta y agua. El cocido estaba picantito pero tras la sorpresa inicial casi lo agradecí. El tofu fue presentado chisporroteando en una base metálica sobre madera. Llevaba sésamo, cebollas y alguna otra especia.De vuelta a la pensión nos juntamos los guiris en una charla agradable que me sirvió para aprender que había un centro de masajes de pies estupendo al lado de la pensión y... por supuesto, allí fui.
Este masaje fue muy especial por lo centrado. En efecto, la masajista trabajó mucho los pies tras bañarlos en agua caliente con pétalos de rosa y tal vez alguna otra hierba. Pero el masaje “de pies” no se quedó ahí sino que subió masajeando las piernas, lo que más cansado llevaba, y las dejó muy bien, muy relajadas. Fue estupendo.
Terminamos el día cenando todos (los turistas) en uno de los buenos restaurantes de Sapa, bueno, era Nochevieja y decidimos que bien valía unas botellas de vino y una buena cena seguida de una sobremesa en frente del hogar, donde el fuego atraía nuestras miradas y nos mostró que estábamos cansados.
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