Me costó que los ojos enfocaran y en el caso del derecho no lo conseguí del todo hasta después del desayuno. Había sido un picotazo, sin duda, lo que me causó la hinchazón.
El desayuno de hoy fue extraordinario ya que lo habían abierto a personas no alojadas. Un buen buffet con piña, sandía y plátano y además en mi mesa pusieron papaya. No tuve que abrir los bollos ni la mermelada que había comprado en METRO.
En la recepción hay una televisión de plasma de 52", y otra más pequeña en el comedor (en realidad dos extremos de la misma sala). Los vietnamitas se quedaron sentados a las mesas, charlando y -un poco- fumando, sin las prisas que tendríamos en occidente... o bien eran unos privilegiados que no tenían que ir a trabajar.
La mañana era extraordinariamente luminosa aunque el cielo no estaba azul sino blanquecino, tal vez por nubes altas. Me dí cuenta que el día anterior me había quemado también la nariz y las pantorrillas o sea que debía tomar un cuidado especial... ¡y mucha crema de factor 30!A las 9 salimos de nuevo por la A1 hacia el norte pero esta vez nos desviamos (km 12) hacia las montañas antes de llegar al puente. Hasta la primera parada (km 18) la ruta fue bastante plana y empezamos a perder de vista las casas o por lo menos había tramos con ellas mezclados con tramos de cultivos. Yo empezaba a notar el picor del sol y me di crema repetidas veces. Me noté más cansado que ayer pero... ¿qué otra cosa podía esperar?
Km 26 y llegamos a la entrada al parque nacional, aquí también una carretera lateral salía hacia la derecha para llegar a las cascadas. En este tramo, por el valle y junto al río, vimos desaparecer el tráfico y había un aire fresco muy agradable. En este cruce había los típicos cafés grandes de entrada a zona turística y con gente muy amable. Lo malo es que no pudimos seguir ninguna de las dos rutas: hacia el parque y la montaña porque unos desprendimientos habían hecho que la autoridad del parque lo cerrara; hacia las cascadas porque tenían tanta agua de los recientes monzones que era muy peligroso acercarse. Deseé que Uyen hubiera previsto esto pero no fue así.
Volvimos y Uyen me propuso ir a la montaña de Danang, es decir, atravesar toda la ciudad de nuevo, los puentes e ir más allá a una pequeña península montañosa. No tenía ninguna gana de volver a la contaminación así que en la primera bifurcación me desvié para encontrarme con una carretera pequeña entre campos de cultivo y bastante árbol tanto frutales como otros. Fue una ruta preciosa que me obsequió escenas de madres y niños sorprendidos por el guiris en traje de "Mortadelo" y bicicleta.A la vuelta me encontraba más fuerte que a la ida lo que no dejó de sorprenderme y tal vez, en realidad, no era sino una ficción o un efecto temporal. El asunto es que me lancé a pedalear con entusiasmo, comiéndome así todos los baches. Cuando primero se soltó el GPS del manillar y después la bolsa delantera esparció todo su contenido por la carretera me lo empecé a tomar con un poco más de tranquilidad. Uyen se reía, y con razón: no son formas de romper las cosas (aunque al final nada se rompió demasiado).
De vuelta a Danang la carretera se había llenado de niños, alguno intentaba darme caza en bici y alguno incluso lo consiguió con el consiguiente orgullo. Ya en la ciudad compré un diccionario y pasé a por el masaje, conseguí que me lavaran la bici y le puse grasa en el hotel. Las sonrisas omnipresentes le alegraban a uno el día.Cené con Sophie (Tuyen), una chica que contacté por medio de Hospitality Club (http://www.hospitalityclub.org/), una organización de gente que te enseña su ciudad o incluso te da alojamiento gratis. Me llevó a un sitio muy vietnamita (bueno, en Danang no hay otros sitios para turistas que un par de grandes hoteles) donde, pedimos pescado. Para mi sorpresa el camarero trajo una bolsa donde algo coleaba con fuerza y una balanza para pesarlo (el pescado se vende al peso). Pensé que no iba a ser capaz de comer aquello que había visto vivo pero no fue así, yo tenía mucha hambre. Estaba buenísimo.
Para el postre me llevó a una heladería donde probé el helado de durian (ese fruto de olor tan horrible que lo prohíben en los aviones, pero de un sabor delicioso si está maduro) y estaba bueno.
En el hotel de vuelta me esperaba Nghia para invitarme a una cerveza y un rato de charla mientras veíamos el Real Madrid - Lazio en diferido.
Me encontraba con muchas dudas sobre cómo seguir. Por una parte tenía miedo de que un dolor en las posaderas que había notado al final de la jornada me hiciera pasar lo que el año pasado; por otra parte estaban las quemaduras de la nariz. Además veía absurdo sufrir la falta de infraestructuras (es decir masaje y buen descanso y comida) de la ruta A14 si podía pasar más días en Danang donde tenía asegurado un buen descanso a la vez que seguir haciendo bicicleta. Estar en esta ciudad, en este hotel, me era conveniente, cómodo.
Hoy 68 km con una media de 20 km/h en 3:30 horas de pedaleo.
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